Enero 2012
Luis Fernando de Zayas y Arancibia
Se nos recuerda con frecuencia que la figura del Patriarca San José la tenemos bastante olvidada, a pesar de su gran misión en la vida terrenal de Jesús y su poder de intercesión ante Dios.
Estamos finalizando las fiestas navideñas; en ellas hemos conmemorado y festejado el nacimiento del Niño Dios, nuestro Redentor. En aquellas fechas, si fundamental fue la figura de la Virgen María, no podemos dejar de valorar la presencia y el papel de San José, que aceptó la misión que Dios le había encomendado – ser padre putativo de su Hijo – con todos los sinsabores y preocupaciones que iba a suponerle.No podemos olvidar el primer momento, cuando enterado de que la Virgen María estaba encinta, pensó en alejarse de su lado, pero informado por un ángel de los hechos, aceptó seguir con su misión.
Tampoco podemos olvidar el momento en que, de nuevo avisado por un ángel, tiene que huir, con el Niño y la Virgen a Egipto, para evitar la persecución de Herodes, que acabó con la matanza de los Santos Inocentes.
Los Siete domingos de San José
Esta práctica piadosa, conocida también como “Los Dolores y gozos de San José” es muy seguida por los fieles, de acuerdo con una antigua tradición y como recuerdo de los principales dolores y gozos de San José, en su vida.
Se practica los siete domingos anteriores a la festividad de San José (19 de marzo), comienza, por lo tanto el Domingo 8 de Febrero. También se puede practicar en cualquier otra época del año.
Hay muchas WEB´s dedicadas a esta Práctica piadosa; facilitamos la referencia de algunas de ellas, en ellas encontramos las oraciones para cada domingo:
http://www.caminando-con-jesus.org/sanjose/DOLORESYGOZOS.htm
http://www.devocionario.com/jose/domingos_1.htm
http://www.jesusmartinezgarcia.org/jmg/libro5/index.html
Oración para todos los días
¡Oh Dios, que con inefable providencia, te dignaste escoger a San José para esposo de tu Santísima Madre!; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.




