“¡Estamos muriendo!” es el trágico llamamiento de los cristianos de Mosul (Irak), que en los últimos meses siguen siendo el objetivo de una dramática ola de violencia.
Los católicos iraquíes afirman: “Nosotros estamos muriendo y es necesario que nuestra voz sea escuchada”.
Las familias católicas, que aún quedan en Mosul, denuncian que “no tienen dinero para huir, no sabrían adónde ir, y así se quedan encerradas en casa a esperar. Es una situación terrible, quizás nunca antes de ahora, la comunidad cristiana de Mosul ha vivido tal periodo de terror. Quien quiere instaurar el estado islámico en Irak con capital en Mosul, quiere que la ciudad no tenga siquiera un cristiano entre sus habitantes”.
Monseñor Philip Najim, Procurador de la Iglesia Caldea ante la Santa Sede, ha referido que “grupos armados penetran en el barrio donde viven los cristianos y asesinan a quienes encuentran en la misma calle”.
“El objetivo es, claramente, sembrar el terror para completar la obra de vaciar a la ciudad de su antiquísima población cristiana, que comenzó hace ya años”.
A estas violencias se añade la cancelación del artículo 50 de la ley que fija las reglas para las próximas elecciones de los consejos provinciales, que en su primera redacción garantizaban la representación de las minorías en estos Consejos.
“Porque, ésta es la pregunta que hacemos al mundo: ¿los cristianos iraquíes deben sufrir estos ataques? -preguntó el prelado-. ¿Por qué nos matan y nos niegan nuestros derechos?”.
Pedimos el respeto de estos últimos, sostiene Monseñor Najim, “es un deber”, porque los cristianos pertenecen a una minoría pero representan “una parte importante de la historia del país que siempre se ha caracterizado por la coexistencia entre los diversos componentes de su tejido social”.
Monseñor Louis Sako, arzobispo caldeo de Kirkuk y presidente de la Comisión para el diálogo interreligioso de los obispos iraquíes, añadió: “Los cristianos iraquíes no quieren otra cosa que una vida decente y pacífica, quieren cooperar con todos para construir la estabilidad para el bien de su nación, como siempre han hecho a través de su historia”.
“El mundo nos está dejando solos”, admitió con profunda desilusión Monseñor Shlemon Warduni, obispo auxiliar de Bagdad.
En esta situación, afirmó, los cristianos iraquíes pretenden "continuar haciendo escuchar nuestra voz esperando que nuestro llamamiento sea acogido, no sólo en Irak sino en todo el mundo”. ■

